Diario de otoño en París

Alguna vez leyeron la frase “hay ciudades que nunca pisé y que sin embargo ya quiero”, bueno, París, como cliché de muchos y muchas, era una de esas ciudades.

Estuvimos con Mati tan sólo 3 días, casi un finde y unas horas, en el peor momento del año 2015, algo que ya relaté en otro post, debido a que fuimos muy poquito después del atentado. Policías por todos lados, muchos controles (incluso para entrar a locales como H&M) y cierta hostilidad en la energía, porque soy creyente de la energía.

Pero de todos modos, viviendo un pedo turístico porque cuando viajamos tampoco es que andamos con el manual de historiador debajo del brazo y nos dejamos llevar, estábamos en París. Siiiiii, París ! La ciudad de las luces, del amour, los macarons y el acento de publicidad de fragancia sofisticada. Apenas bajamos del aeropuerto, nuestro vuelo fue Barcelona-París con la compañía Vueling, una low cost que no es tan low cost como Ryanair pero barato al fin.

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Rumbo a París-.

El pasaje lo sacamos 15 días antes así que nos costó 100 euros a cada uno la ida y la vuelta. Para los precios de los tickets aéreos europeos no es taaan barato pero para nosotros que un pasaje a Misiones sale $2500 (con suerte), es económico. Son aviones súper chiquitos que los suelen frecuentar los europeos que hacen mucho turismo de finde y nosotros, los turistas más ajustados que no podemos volar como Wanda Nara comiendo sushi arriba del bolso Louis Vuitton con sus iniciales. Esas diferencias de la vida.

Primera noche parisina
Primera noche parisina

Llegamos un viernes de fines de noviembre a las 18.00 al Aeropuerto Internacional de París- Charles de Gaulle . Lo primero que sentimos fue el cambio climático: si bien veníamos de Barcelona y ya estábamos aclimatados al tapadito, en París se sentía con ganas el frío. Así que bufanda, guantes y demás en mochila, nos abrigamos y tomamos el tren RER hasta nuestra estación que si mal no recuerdo era Saint-Michel. La línea del RER es la B y conecta con las terminales 1 y 2.  Nuestro hotel quedaba bien cerquita de la famosa catedral gótica Notre Dame que a los 16 años hice maqueta ya que estudié la secundaria orientada en arte. Salías del subte y veías Notre Dame.

Imagínense que mi primera impresión de la ciudad tras el aeropuerto congelado y ese magnífico tren de 1 hora que conecta algo así al Ezeiza parisino con el centro de la ciudad, fue Notre Dame, aquel proyecto en el que trabajé sin conocerlo en vivo durante meses. La maqueta no era una caja de pizza: hicimos a medida cada detalle de la catedral. Una locura.

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Apenas salimos del subte.

Siguiendo en la línea en mi post neoyorkino:

Qué hacer entonces en pocos días en París?

Hay una premisa en Argentina, para mí casi mito, por el hecho lógico de que vivimos hacia Sur más al Sur del mundo. Todo el mundo te dice: necesitás un mes mínimo para hacer tal cosa. Y lo que nadie entiende es que para viajar no necesitás solamente dinero, con todas las promociones actuales que hay y formas de viajar haciendo stopover cual Julio Verne, lo que necesitás con igual o mayor importancia, es tiempo.

La mayoría de nosotros trabaja, quizá también estudia, tiene un emprendimiento, una casa, un vínculo, también hijos. Paren la moto. No podemos dedicarnos un mes para NY, un mes para la Coesta Oeste, un mes para Europa Occidental, otro para el Sudeste Asiático y puedo seguir. Si hay algo por lo que amo mucho a Matías y somos dos trastornados idénticos es que nos surge una promoción de ir a, por ejemplo, una semana a Tailandia, y nos subimos al avión o a los 40 que nos lleven por mejor precio.

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La primera vez con la Torre Eiffel tan cerquita.

He ido a NY varias veces muy pocos días, también Miami, también Italia y París, 3 días. Si volvería un mes a cada destino? Obvio y seguro no terminiría de conocerlo todo. Ser local es una cosa, ser turista es otra. Siento que no puedo determinar tiempos claros de cuánto necesitás…aunque si por ejemplo les puedo decir que para mí Barcelona se recorre más rápido que una ciudad como Londres o París por distancias y tamaño. Entonces: derriben mitos. Si un pasaje a Berlín en Semana Santa les sale lo mismo que a Florianópolis, ya saben qué les recomiendo por una cuestión de costo de avión. Tenemos que ser inteligentes: el tiempo es dinero. Además me gusta pensar que tras conocer, voy a volver con otra percepción. Les juro que cada vez que lo dije, he vuelto y he vuelto.

Así que si pueden irse solamente una semana a Europa, sea cual fuera el destino, re vayan. Porque no ir por miedo a “hubiera hecho alguito más porque en 1 hora de tren estás en otro país”, no tiene sentido. Ojalá reformemos la ley de vacaciones, y eso que tengo la suerte de disponer de una buena cantidad de días por mi modalidad de trabajo, pero de todos modos, vayan. Especialmente con todas las promos que andan dando vueltas.

¿Dónde me hospedo sin dejar mi PBI?

Con respecto a hospedajes, París es una ciudad cara y por lo que observé fuera de Londres y sus pounds, la más cara de Europa. Sin embargo conseguimos un hotel muy, muy lindo a excelente precio. Eso sí: temporada baja y post-atentado. Chequeé luego el precio para una amiga y se había triplicado. De todos modos no estaba tan mal para el promedio. Mi hotel estaba a 3 cuadras de Notre-Dame así que bajamos del subte y fuimos caminando.

Le Petit Belloy Saint-Germain te recibe con un pequeño lobby con café de Nespresso ilimitado lo cual es una gran atención por el frío que experimentamos por esos días.

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Nuestro balconcito parisino.

Si ese era el otoño…mamita, el invierno. Igual no se compara con NY, la ciudad que me hizo re cagar de frío pero con ganas. Con un buen abrigo, guantes, una Uniqlo/térmica, un gorrito, la zafás genial. Le Petit ofrece un desayuno que se sirve enfrente del hotel en una instalación que estimo que es de los mismos dueños pero dicho hotel es claramente un 5 estrellas. Ambos huespedes pueden gozar del desayuno que sale 15 euros por persona y es estilo buffet. Si les digo que es el mejor desayuno que he probado no les miento: quesos, croissants, macarons, fiambres, jugos naturales, frutas, mermeladas, panes de toda clase, tecitos deliciosos. Una locura. Si pueden aprovechen porque el desayuno realmente vale la pena y no es costoso para la calidad y cantidad teniendo en cuenta que todo en París, es petit. El cuarto era…petit, pero realmente lindo con una cama grande y cómoda, diseño parisino cual imaginario y un balconcito de película. Eso sí: el baño me hacía sentir en mi maqueta de Notre Dame pero por lo visto la cosa en París es así. Así que por estética, trato, desayuno y ubicación, se los recomiendo sin dudas al hotel.

Desayuno del hotel: hermoso.
Desayuno del hotel: hermoso.

 

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Más del desayuno.

Me dijeron que en el Barrio Latino también hay buenos precios de hotelería así que se los recomiendo. Por lo que averigüé en su momento no hay gran diferencia con hostels y el promedio europeo son 3 estrellas, excepto los mega hoteles claro. Ah, en Petit teníamos wifi en el cuarto, algo que para mí es de vida o muerte. Soy capaz de negociar el queso brie por el wifi.

¿Museos?

Con respecto a museos todo el mundo sabe que la joya es el Louvre pero la verdad es que no fui y eso que estaba bien cerca. Tenía pocos días para recorrer tamaña ciudad y soy de las que creen que la calle es un museo así que no puedo perder mil horas de cola y mil horas ahí adentro. Y eso que les dije que estudié 6 años arte, vieron? Pero lo siento así excepto museos pequeños y más específicos, no suelo ir. Quizá en otra oportunidad vaya pero en esta no se dio y no estoy llorando. Prioricé un viaje más urbano, cosa que hago siempre. Para mí tomar un café mirando la gente pasar es más enriquecedor que pelearme con mil asiáticos y sus selfie sticks frente a un pintor de libro.

Tras dejar las valijas y hacernos un café to go en el lobby, comenzamos a caminar por la ciudad rumbo Uniqlo a comprarnos una térmica porque nos re congelábamos con la ropa que habíamos llevado. Caminamos hasta allí, muy muy rápido y nos encontramos con que Uniqlo cerraba frente a nuestros ojos. Luego dimos unas vueltas por Printemps, la mega tienda parisina con las vidrieras más espectaculares que he visto. Además por ese entonces estaba todo ambientado para Navidad así que tras haber vivido y recorrido en esa fecha por la ciudad que en teoría más se viste, Manhattan, me di cuenta de que París le tocaba el talón muy de cerca.

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La vitrina de Printemps.

 

Ahí mismo hay una terraza panorámica espectacular a la cual esa noche no pudimos subir para contemplar la ciudad. La verdad es que habíamos caminado 35 cuadras en tiempo récord y teníamos rastros de unas papas fritas que comimos arriba del avión (low cost es low cost: en esos aviones no te dan ni un vaso de agua), así que nos sentamos en una esquinita del Boulevard Hassmann a comer lo más típico: Croque Madame con french fries y un vinito tinto para entibiar el cuerpo. La comida estuvo muy bien, no recuerdo el nombre del lugar, pero tampoco fue increíble. Una comida así, al paso, con vino claro, cuesta tranquilamente 40 euros.

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Esto es un Croque Madame.
La ciudad de las luces.
La ciudad de las luces.

En comparación con España, es carísimo, pero tras haber regresado y haber visto los precios aquí, me atrevo a decir que París no está tan cara. Luego caminamos sin rumbo por el río Siena y contemplamos un ratito la iluminada Torre Eiffel. Estábamos lejos y muy cansados así que prometimos volver al otro día.

 

De Torre Eiffel y Louis Vuitton

Si hay algo que hay que ver aunque suene obvio es la Torre Eiffel. Volvimos al hotel y nos desplomamos. Al día siguiente desayunamos bien temprano y salimos rumbo los jardines de Luxemburgo, otro clásico. Qué lugar más lindo, elegante, mágico.

Quiero aclarar que si bien el subte está muy bien conectado, nosotros hicimos todo caminando, porque queríamos conocer desde esa perspectiva a aquella ciudad. Tras tomar fotos en Luxemburgo, caminamos 50 cuadras rumbo a la Torre Eiffel. Llegamos totalmente desgastados, agotados y sin ganas ni de posar, pero claro que posamos.

No se notan las ampollas, no?
No se notan las ampollas, no?

No había mucha gente y el día nos regalaba un sol impresionante. Luego de la Torre, nos perdimos por los alrededores, y encontramos una feria de esas que va Francis Mallmann y la cual tiene su post. Habernos perdido y toparnos con aquello fue casi de lo más lindo del viaje porque si lo hubiera planeado quizá no hubiera surgido. Recorrimos durante más de 1 hora una feria con los puestos más deliciosos y perfectos que se imaginen: rosas, aceitunas, croissants, pollos orgánicos, quesos..y en casi todos los puestos te daban para probar. Allí comí las mejores aceitunas de toda mi vida. No, no exagero. Por lo general en Europa esta clase de ferias suceden los días sábados, porque también estuvimos en Italia en una, así que si pueden pasear allí y les interesa una experiencia local gastronómica, agenden este datazo. Los precios muy accesibles a diferencia de los restaurants turistas. Luego de esa pasadita y tras comer un croissant con pistachos en un banquito, seguimos nuestro no-camino.

Un puestito de rosas en la feria parisina.
Un puestito de rosas en la feria parisina.

 

Las mejores aceitunas de mi vida.
Las mejores aceitunas de mi vida.

No recuerdo cómo porque fue el día que más caminamos de nuestra existencia pero terminamos bordeando la clásica avenida Champ-Elyseé. Dior tiene una casa de casi una cuadra. Fendi, Louis Vuitton, Gucci y puedo seguir. Casas millonarias, personas millonarias y marcas millonarias. Entré a LV a mirar la nueva colección y descubrí que los bolsos más accesibles rondaban los 400 euros, por lo cual, en comparación con marcas locales, tampoco era un disparate. Todo bien con la industria local, saben que la defiendo, pero LV es LV y una marquita de 10 años, no se puede comparar no solamente en diseño sino en contrucción de marca que es lo que siempre más me dedico a analizar. Tras caminar por Champ-Elyseé durante cuadras y cuadras, terminamos en un Burguer King por un poco de wifi y reparo.

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Más ojeras que post boliche.
Ay, Chanel.
Ay, Chanel.

French Fries y wifi

Mati se compró una hamburguesa y yo me comí las papas. No podíamos más. No eran las 17.00 hs y la aplicación del iPhone nos marcaba: 20 km recorridos cada uno. Descansamos 30 minutos y emprendimos el regreso al hotel, despacito y paseando porque estábamos lejos. Nos perdimos en varios barrios que posiblemente no recuerde el nombre y terminamos en una panadería comprando una baguette de pollo para el camino. Fue el día que más comida callejera comimos y sin dudas, la más rica.

Baguette por la vida.
Baguette por la vida.

Regresamos al hotel a las 21.00 hs con la promesa de darnos una ducha e ir a cenar una fondue pero nos quedamos dormidos con la ropa puesta. Ese sábado habíamos caminado más de 35 km. Ampollas por todos lados.

París gris Cortázar

Al día siguiente con mil curitas de Hello Kitty francesa/cosmopolita, volvimos a comer el mejor desayuno hotelero y decidimos tomarnos la jornada con un poco más de calma. Nuestro vuelo de regreso a Barcelona salía esa noche y si bien queríamos ir a Versalles, la verdad, es que tendríamos que viajar un largo tirón y preferíamos quedarnos por la zona. Además el día no ayudaba: gris, el gris de París que hemos leído en Cortázar.

Sartre, mi marxista humanista

Caminamos post desayuno hacia Notre-Dame, nos sacamos muchas fotos en la soledad, tomamos un café en una esquina maravillosa, dimos vueltas por la universidad La Sorbonne de donde salieron muchos de los clásicos que durante años leí y critiqué, nos metimos en un Carrefour a mirar precios y comprar algunas cosas para nuestro loft porteño. Saqué algunas fotos de los precios para que tengan referencia por si se hospedan en un departamento a lo Airbnb ya que si tienen un presupuesto ajustado, comprar en el súper es realmente accesible y además no sé ustedes, pero con una baguette, un rico queso y un vino, ya soy millonaria.

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Esperando mi cafecito.

En el super estuvimos bastante, recorrer góndolas para nosotros dos es un clásico: es un ejercicio antropológico. Regresamos al hotel en busca de nuestras valijas carry on y ya comenzamos el retorno en el RER hacia el aeropuerto con las galletitas más ricas del mundo en mochila: Petit Ecolier.

Un poco de super.
Un poco de super.
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Delicias francesas a buen precio.

Antes merendamos en Pierre Hermé el sitio que para mí destrona ampliamente a Ladureé en términos de macarons. Me compré una mermelada espectacular y en el aeropuerto me la tiraron a la basura cuando pasé la valijita. Un odio monumental. Creo que puteé en francés.

A esto le llamo el mejor macaron francés.
A esto le llamo el mejor macaron francés.

 

¿Cuánto es mucho?

También me compré una taza en Starbucks de recuerdo. Uno de mis clichés. No sé cómo llegan con vida a Buenos Aires. Me quedó como gran pendiente Versalles pero la verdad es que en mi imaginario de Sofia Coppola, Versalles es floreado y verde así que planeo volver en una estación más amigable. No quería matar mi propia idea. Si quieren recorrer casi todos los “clásicos” les recomiendo entonces entre 4 y 5 días, pero para darse una idea, un finde y moneditas, está bastante bien si disponen de poco tiempo como nosotros que preferimos por varias razones hacer base en Barcelona y desde allí ir conociendo. La realidad es que París es cara en términos de hospedaje entonces no me resulta la ciudad más conveniente en ese sentido. Me llevé una sensación rara entre el imaginario y el real.

¿Buenos Aires la París de Latinoamérica?

No sé cómo decirlo, me pareció elegante, perfecta por momentos, imperfecta por otros (especialmente porque tiran muchas cosas en la calle y el subte era bastante random) pero no me resultó tan parecida a mí imaginario. Siempre sentí a París como una ciudad encantada y no terminé sintiendo eso. Las fotos son preciosas, no lo digo porque las tomé yo ja, y pensarán que estoy loca pero tal vez sea una cuestión de energía y que no fui en el mejor contexto social-político, pero a primera impresión la ciudad me resultó un poco engreída. Los parisinos viven en su propio relato: no interactúan mucho, en inglés responden poco y en español directamente, nada. Los sentí un poquito fríos en ese sentido, y muy parecidos a nosotros, los porteños, en otros sentidos. No me quedaron dudas de que cuando planearon a Buenos Aires se copiaron de forma burda de París. Entendí que sin dudas, somos la París de Latinoamerica pero con los gritos, puteadas y harinas de Italia. Gracias a Dios y ahora, al Papa.

Me sentí en casa en Italia, me sentí feliz en Barcelona, me sentí turista en París. Quizá esa sea la diferencia. No todo el mundo opina como yo y conozco amigos que piensan lo contrario, Italia les parece ruidosa e insoportable y París es su casa. Son siempre opiniones. Sentados con Mati mirando la Torre Eiffel no sentimos, cómo decirlo sin ser bruta, me caigo de culo. Fui bruta, perdón.

Como a él le puedo contar cualquier cosa que pienso, los dos callados, la Torre Eiffel ahí y ampollas en los pies, le dije: Che, te parece tremendo esto? -No, Cande. Vayamos a comer una baguette. Y nos fuimos. Sin embargo, comparando, cosa que está mal pero lo voy a hacer igual, frente a todo lo de Gaudí, lloré. En el Vaticano, lloré, yo que tengo todos mis pensamientos cruzados con el dogma católico. En el Coliseo, casi me caigo de culo con literalidad. En Florencia, no lo podía creer. Esto es real? Posta?

París no me generó esa sensación de irrealidad que quizá yo busco en todos lados. No sé, puede ser que mi vara haya sido muy alta por haberla visto tantas veces en libros, en series, en películas. Me sentí un poquito como Carrie cuando casi al final de Sex and the City se va con ese ruso que a todas nos cae mal, sapo de otro pozo. Eso que en Francia tengo parte de mis orígenes. Sin embargo, días después conocería Marsella, el sur francés y mi impresión fue: Qué espectacular todo esto.

Hace unos días encontramos con Mati un bar francés, de casualidad en busca de un café, y su dueño, francés, de Lyonn, nos comentó que a él no le gustaba París, que el Sur era otra cosa. Le contamos nuestra experiencia. Otro día en un café francés muy famoso de Palermo, su dueña nos contaba que no es que ellos son fríos sino que los argentinos somos especiales. Nos tienen qué decir: Cómo andas? Qué tal estuvo el finde? Cómo anda eso tanto tiempo? A los argentinos, como clientes, hay que mimarlos mucho.

Fue un gran descubrimiento porque quizá sea así, no es que el parisino era maleducado o frío sino que sus palabras eran algo así como justas y suficientes para nosotros que somos de hablar mucho. Entendí un poquito más su idiosincrasia y como siempre, prometí volver. Porque a Versalles con flores y champagne, de la lista, no la taché.

@CandelaSanchezF

 

4 comentarios en “Diario de otoño en París

  1. Sabes que estando frente a la Torre Eiffel me paso lo mismo que a ustedes, me dije es esto? No se si me la imaginaba mas grande o mas dorada, no sé. Quizá justamente es como decís vos, uno va con mucha expectativa y a veces eso nos deja que desear. Coincido en que tiene sus perfectos e imperfectos, perfecta no es! ja En fin me gusto París, pero no tanto como trataba de auto convencerme. Disfrute mas de recorrerla caminando, aunque como decís,tiene sus consecuencias, porque a nosotros dos también nos dejo rotos y ya a lo ultimo,con mucha lluvia y frío solo queríamos terminar el tour fallido que arme (fallido porque al final recorrimos como se nos dio la gana).
    El palacio Versalles! por dios, eso si que fue sinónimo de belleza y lujo.

    Pd: También odiamos a los selfie stick de los asiáticos y a los pesados que te lo querían vender a toda costa, mientras vos tratabas de meter cara linda y paisaje entero en la foto.

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